ColumnistasDestacadosCorporaciones o Democracia

Jorge Collado30 agosto, 2020
Dillon

Por Jorge Collado... Desde 2003 en el Movimiento Nacional Justicialista, se ha instalado un nuevo par antitético que es realmente gráfico y profundamente asertivo. La historia del peronismo siempre estuvo guiado por un par de opuestos, desde aquel “Perón o Braden”, desde el “Liberación o Dependencia”, el peronismo fue variando sus antinomias teóricas que le permitieron y le permiten aplicar su plan teórico inmanente con los más desprotegidos.

El peronismo, se ha encargado en estos años de generar los espacios necesarios para confrontar con ciertos sectores de la superestructura o del stablishment, o del círculo rojo, o de los poderes facticos, como quieran llamarlo, fueron desde el inicio las Fuerzas Armadas a través de los juicios de lesa humanidad, lo fueron las corporaciones financieras con la nacionalización de la AFJP, es la corporación eclesiástica a partir de determinadas leyes que aumentan las libertades personales como el matrimonio igualitario. Lo fue el enfrentamiento con el campo por la 125, que aún derrotado el gobierno con la farsa Cobos, logró dividir a la sociedad en antis y pro y se fortaleció la alianza con otros sectores populares.

Así pasaron los 12 años de gobierno y la derrota y la vuelta al poder, con un peronismo más unido y con el pelo más corto y afeitado, menos confrontativo, más conciliador, de la mano de Alberto, junto con el Frente Renovador y con una coalición de gobierno que dista bastante de los años de las peleas y nos enojos de Cristina Fernández. Pero curiosamente ese peronismo más correcto fue craneado por Cristina. A Alberto le viene el regalito de la pandemia, después de anunciar el plan alimentar, y la necesidad de ordenar la deuda para arrancar con lo que se pudiera luego del desastre Macri.

Ya en pandemia, aparece nuevamente el peronismo con su ideología a flor de piel, por más moderado que sea este peronismo, no es el engaño del menemato, esto es peronismo en serio, blando, lavado si lo quieren, pero peronismo.

Entonces plantea un impuesto a las grandes riquezas, la nacionalización de Vicentín, la reforma judicial y la declaración de servicio esencial de la telefonía móvil, internet y televisión por cable. Anteriormente Alberto había pedido a los grandes empresarios que ganaran un poco menos y Paolo Rocca ya se había enojado un poco.

Sin dudas hoy el par antitético es “corporaciones o democracia” y con él el peronismo asume los riesgos de manifestar que el poder es popular o de las corporaciones.

Aún, el sector popular, logrando leyes en el congreso de la nación, no tiene la garantía de que esas leyes no sean boicoteadas por las corporaciones, por ejemplo la ley de medios antes o la decisión de la nacionalización de Vicentín, o el amago de un aporte por única vez de las grandes riquezas. Pero sepamos que los poderes facticos no son solo las corporaciones económicas, que definitivamente para en marcha esta dicotomía entre “corporaciones o democracia” este país necesita democratizar definitivamente los sindicatos y todo otro poder corporativo.

Mientras desde el kirchnerismo más profundo se reivindica a Tosco o a Atilio López, se lee a Rodolfo Walsh y a John W. Cook, desde un sindicalismo que parece ser afín, se reivindica a Vandor. Este es el viejo anacronismo del sindicalismo peronista, pero sepámoslo, esa es una lucha que aun falta dar, para poder claramente seguir sosteniendo “Corporaciones o Democracia”.

Digamos también que aunque a muchos compañeros o a algunos partidarios de la oposición de la izquierda profunda no les guste, para los que sentimos el peronismo kirchnerista, la figura de Mariano Ferreyra es una bisagra en la lucha contra la corporación sindical y esto no es más que reivindicar una lucha justa y reconocer el dolor de Néstor Kirchner ante la muerte injusta de un militante. Aunque ya sabemos que si bien algunos responsables fueron juzgados y algún ministro quedo impune.

El tema de Mariano Ferreyra, nos pone en la cara cual es el verdadero problema que aún es una lucha por dar y que la pandemia puso al descubierto, que es la precarización laboral. Lo claro es que por el bien del movimiento de los trabajadores este debe estar siempre por sobre las personas que lo conforman.

Somos muchos los que deseamos una Argentina laica y que la corporación eclesiástica deje de servirse parasitariamente del estado. Somos muchos los que queremos que una iglesia, hoy perteneciente a la superestructura deje de tener el poder que le permite recibir millones del presupuesto nacional, sin contar los aportes de los estados provinciales y municipales; que permite que 16.500 curas y monjas cobren sueldos o jubilaciones del estado nacional, que los obispos cobren como jueces, más viáticos mensualmente como una parte de sus ingresos y que esa parte salga de las arcas del estado por una ley de la dictadura militar.

Somos muchos los que deseamos que la educación religiosa o privada no sea subsidiada para que les enseñen a los argentinos, que el aborto está mal, que coger con forro está mal, que la sexualidad es sucia, que la homosexualidad es una enfermedad, mientras las perversiones sexuales de los curas está a la orden del día.

Somos muchos los que deseamos que dentro de las estructuras eclesiásticas no existan tipos como Cristian Von Wernich, preso por crímenes de lesa humanidad y amparado por la curia como tantos curas cómplices de la dictadura. Somos muchos los que deseamos que la Conferencia Episcopal no haga documentos contrarios al gobierno defendiendo solo intereses de clase. Somos muchos los que deseamos dejar de soportar tanto gorila disfrazado con sotanas y del opus dei y la falsa promesa de la salvación eterna, y la resurrección de la carne, y la vida perdurable. Pero no acá, acá tenes que ser mansito y humilde para ser feliz después de la muerte.

Que tienen libertad para su existencia, nadie discute eso, pero por favor no a costilla del estado nacional. Pero bueno se que es complicado para Alberto porque tenemos un Papa peronista, aun así sin el enfrentamiento a las corporaciones no tendremos aborto libre y gratuito, no tendríamos Ley Micaela, no ampliaríamos derechos de género, como el cambio de documentación en los cambios de sexo, etc. Sepamos que sin el enfrentamiento a las corporaciones no gozaríamos de la continua actualización de la ampliación de derechos.

También tengamos en claro que las luchas son para tenerlas, si las ganamos mejor, pero desde el peronismo más popular debemos darlas a continuidad, porque las corporaciones son siempre una máquina de guerra, en el sentido deleuziano del concepto, es decir producen y avanzan no importa ni siquiera la finalidad, son una máquina de va.

Hay voces que no se acallan cuando hablan de la asignación universal por hijo, AFI y otros subsidios y asistencias a la población más carenciada, pero nada dicen de estos gastos parasitarios que el estado tiene que reconocer a una iglesia si parasitaria, y no me refiero a los curas de la opción por los pobres, ni a los villeros, ni a los que trabajan en cada barrio carenciado muchas veces sosteniendo ollas populares.

Pero no son las únicas corporaciones con poder, existen las de los medicamentos o la sociedad rural como tantas otras y que esperemos con la profundización de los procesos democráticos podamos ir enfrentando.

Pero ahora nos vienen con caravanas, marchas pandémicas y contagiadoras, en apoyo a las corporaciones, movilizaciones vamos a tener y sin represión y tendrán toda la libertar los terraplanistas, anti vacunas y deseosos de vivir el Miami.

Las corporaciones solo pueden movilizar a esas minorías que no pueden aceptar que los negros, de la mano de la Yegua y del Títere de la Yegua hayan ganado las elecciones y solo los medios colonizadores de cerebros pueden lograr el apoyo de los odiadores seriales, gorilas desde la cuna con la necesidad de alejarse de aquello que tanto temen, la pobreza y los pobres, aquellos tocados y formados en la banalidad del mal.

La corporación mediática, es sin duda la corporación más difícil de enfrentar, son los dueños del odio y de la banalidad del mal, ellos la representan y es toda su ideología, quiere que este proyecto político culmine con esta generación -en los 70 lo hicieron literalmente- y por eso intenta negar las leyes democráticas, con la sola meta del aniquilamiento moral de la militancia joven, y cuenta para eso con algunos políticos anuentes a sus intereses; ayer fueron los militares hoy juzgados por delitos de lesa humanidad, hoy son a cara descubierta los Juntos por el cambio, para quienes el proyecto político astá no basado en la meritocracia sino en el poder absoluto de las corporaciones y los dueños de las riquezas que solo desean aumentar sus riquezas.

Es mentira que el mérito, el esfuerzo personal, el emprendedurismo llevara a los esforzados a ser poderosos, pero en todo caso es lo que desean vender o lo que venden.

La corporación mediática es hoy lo que fueron los militares en la dictadura, un simple vehículo donde viajan los poderosos y las fuerzas defensoras del capitalismo más salvaje.

Es así y aunque parezca curioso no todos los estamentos democráticos están contentos con este par antitético “Corporaciones o Democracia” ya que muchos creen que pueden sacar provecho porque confunden los intereses del estado con los intereses del gobierno. En todo caso cuando los desaforados de las marchas anticurentena gritan que quieren que le devuelvan la libertad y la democracia, deberían afinar su ojo idiota y ver que solo habrá mayor democracia en la medida que los sucesivos gobiernos mantengan la lucha contra la máquina de guerra de todas las corporaciones .

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