DestacadosMiradas hacia el pasado ZarateñoApuntes Históricos sobre el trabajo de las mujeres zarateñas en Papelera y el Frigorífico Smithfield

Carlos Riedel30 noviembre, 2019

Por Arq, Silvia Irene Baccino... La industria papelera y la frigorífica constituyeron la base económica de Zárate desde fines del Siglo XIX hasta la segunda mitad del XX. Tanto la Papelera “La Argentina” como el Frigorífico Smithfield se caracterizaron por la significativa participación laboral de la mujer en distintos sectores o departamentos en los que se desarrollaban sus procesos productivos. Aún hoy, muchos zarateños expresan con orgullo sus recuerdos acerca de una abuela, madre u otra mujer de la familia que trabajó en ellos, formando los artículos y testimonios de esta Mirada hacia el Pasado Zarateño y tantos otros relatos orales sobre el tema parte del patrimonio intangible de nuestra comunidad.

Obreras de la papelera “La Argentina” revisando papeles comunes en la Sala F. Década de 1920

Los escenarios

Ø El Frigorífico Smithfield

Hacia 1903 comenzó a construirse el Frigorífico Smithfield en la parte baja de la ciudad de Zárate, próximo al río Paraná de las Palmas, iniciando sus actividades el 28 de febrero del año 1905 fecha cuando se realizó el primer faenamiento, en el que se sacrificaron 15 novillos, trabajando en el establecimiento 150 obreros. Sus edificios abarcaban por entonces una superficie de 12.800 m2.

Sus tareas principales consistían, según refiere el Digesto Municipal de 1908, en la fabricación de jamones y embutidos y en la preparación de lengua en conserva y carne congelada de novillo y capón, producción que era exportada directamente a Inglaterra desde el muelle del establecimiento. Un informe elaborado en el año 1933 (cuyo autor se desconoce) señala que “tiene en la actualidad un capital de un millón ciento veinticinco mil (1.125.000) libras esterlinas”… “siendo su área de 82.870 metros cuadrados. La empresa posee además, una extensión de 876 hectáreas destinadas a campo de pastoreo o de descanso. Existen 24 corrales de sacrificio, pavimentados, dos de los cuales, con mango y brete de revisación, han sido reservados para aislamiento de tropas exclusivamente.”

La tecnología utilizada en las primeras construcciones fabriles fue la de la arquitectura utilitaria inglesa coexistiendo, luego, en los distintos momentos de su evolución con edificios que respondían a otras tecnologías. Se combinan, de este modo, galpones ladrilleros y cabriadas de hierro con otros de hormigón armado, cuya magnitud testimonia la importancia socioeconómica y urbanística adquirida por esta industria por esta industria en nuestra ciudad.

Frigorífico Smithfield. Vista aérea del 27 de abril de 1928

La crisis económica de los primeros años de la década de 1930 fue de importantes penurias para gran parte de la población. El cierre de los frigoríficos “Las Palmas” y “Anglo” dejaron a cientos de personas sin trabajo, muchas de las cuales lograron pasar a los frigoríficos ubicados en Avellaneda. El “Smithfield” fue el único frigorífico que sobrevivió en el Partido de Zárate a la referida situación, logrando su mayor apogeo en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando el número de trabajadores alcanzó las 7000 personas en una labor extenuante, que comprendía el faenamiento diario de 10.000 lanares, 2000 vacunos y 2000 porcinos. Los enormes barcos de la flota inglesa estacionados en el muelle del frigorífico ofrecían a los habitantes de Zárate un singular y frecuente espectáculo.

Durante la guerra el frigorífico trabajó a pleno, día y noche, movilizando a miles de obreros -distribuidos en tres turnos- con una destacada presencia de personal femenino y generando, muchas veces, en atención a la crudeza de sus formas de explotación protestas y luchas sindicales que son memorables en la historia del sindicalismo argentino.

Vista general del Frigorífico Smithfield. Década de 1940

Ø  La Papelera “La Argentina”

El 21 de julio de 1884 el Sr. José Mussini, socio industrial de la firma Maupas, Escalada, Estrada y Cía., se dirige al Sr. Presidente de la Municipalidad Don Francisco C. Silvano manifestándole que se había constituido una sociedad con el propósito de establecer una fábrica de papel en Zárate.

Dos años después, en 1886, llegó a Zárate personal técnico especializado en la industria papelera, contratado en Bélgica, país del cual se importaron, también, las máquinas necesarias para la puesta en marcha en abril de ese mismo año; la planta -de reducidas dimensiones- fue formalmente inaugurada en noviembre de 1886 comenzando, poco después, la producción de papeles de embalaje, estraza, estracilla, fideero y bolsas, todo destinado al consumo de almacenes y tiendas. Los iniciadores del establecimiento, que adquirió rápidamente un gran impulso económico, constituyeron una sociedad anónima para la fabricación de papeles, bajo la denominación de “La Argentina” y decidieron la ampliación de la planta con nuevas construcciones y la instalación de modernas máquinas.

Hacia fines del Siglo XIX trabajaban alrededor de 700 operarios, debiéndose destacar el empleo de mano de obra femenina. Contaba con médico para su personal y con una banda de música compuesta por unos cincuenta trabajadores de la planta y que, dirigida por el maestro José Cavazzoni, actuaba todos los domingos en la Plaza Mitre, ejecutando un variado programa.

Establecimiento papelero “La Argentina”. Década de 1900

En la edición de El Debate N° 1042, del jueves 18 de agosto de 1910, leemos el siguiente comentario acerca de Zárate y esta fábrica: “…Zárate ha dejado de ser un pueblo, como generalmente se dice, es una ciudad, no solo por su extensión y población, que cuenta, como se sabe, con doce mil habitantes, sino por su importancia comercial, pues tiene varias fábricas importantes, como lo es la gran fábrica de papel “La Argentina”, en cuyo seno desenvuelven su actividad fabril un número considerable de operarios no menor de 1.000. Los productos de este importantísimo establecimiento son renombrados en el país, y vive en constante prosperidad…” En 1927, se fusionó con la fábrica de Bernal y pasó a denominarse “La Papelera Argentina S.A.” siendo transferida, en 1937, a Celulosa Argentina.

 Trabajar en La Papelera

Ø La lucha por mejoras laborales de las obreras papeleras

En 1935 las obreras papeleras de las secciones “Sala” y “Estrasa” que estaban encargadas de revisar los pliegos de papel, a fin de separar las hojas averiadas, cobraban a razón de 0.50 centavos por cada 100 kilos de papel; hacia mediados de ese año y debido a ciertas deficiencias técnicas el Directorio de la Fábrica de Papel obligó al personal femenino a la realización de una segunda clasificación de determinada calidad de papel y, además, a seleccionar las variaciones de colores ocasionadas por las deficiencias de referencia.

Esta nueva clasificación requería, indudablemente, un importante recargo de tiempo dado que era necesario apartar cuidadosamente hoja por hoja y no se había dispuesto remuneración extra por este trabajo quedando, por consiguiente, los jornales reducidos con gran perjuicio para las obreras.

Según refiere “La Voz del Pueblo”. Periódico Socialista, en su Edición 109. Año IV del 15 de agosto de 1935, en el artículo titulado: La vigorosa unidad obrera paralizó la prepotencia patronal. Provocativa actitud del directorio de la Fábrica de Papel - Las obreras conquistaron importantes mejoras las interesadas hicieron oír sus reclamos ante el personal superior de la fábrica y ante el propio director y siempre recibieron promesas de una pronta solución satisfactoria.

La falta de cumplimiento de las mismas derivó en un grave conflicto, con abandono de trabajo, que culminó luego de varias tratativas sindicales y asambleas con la obtención de mejoras salariales a las obreras que duplicaron el pago por la selección de papel en colores.

También “El Obrero”, periódico mensual del Sindicato Obrero de Frigoríficos y Anexos (Adherido a la Confederación General del Trabajo), con sede de Redacción y Administración en Buenos Aires (hoy Roca) y Mazzini en el entonces Partido de Gral. J. F. Uriburu (Zárate) fue el otro medio escrito utilizado para dar cuenta de esta lucha de las trabajadoras papeleras a fin de mejorar sus jornales.

Así el siguiente artículo publicado en el Número 13 - AÑO II, Agosto de 1935, bajo el título Con gesto decidido y valiente las obreras de la “Papelera Argentina” ponen coto a la intransigencia patronal de la misma se informaba que: “Un grandioso triunfo conquistaron las compañeras Papeleras de esta localidad, al ponerle coto a la intransigencia y a la poca formalidad del Director local, que después de tanta promesa no quiso cumplir con lo prometido al pedido que éstas insistentemente hicieran por un trabajo que no estaban de acuerdo al precio que se les pagaba. Y resolvieron abandonar el trabajo hasta tanto no se arreglara esta situación y así fue que después, de una tregua el Director General cedió favorablemente a este justo pedido, pero queremos hacer resaltar la decisión y valentía puesta en este caso por las compañeras que dieron por tierra con la intransigencia dictatorial de la Dirección. Hermanas Papeleras: habéis dado un ejemplo digno de nuestra clase; por ello os aconsejamos a no desmayar ni quedar absortas sobre la conquista que habéis obtenido.”

Personal femenino de La Papelera. Década de 1900

Trabajadoras de la primitiva Fábrica de Papel “La Argentina” en la década de 1910; eran mayoritariamente hijas de inmigrantes italianos, españoles y belgas

Obreras de la papelera “La Argentina” revisando papeles finos en la Sala I. Década de 1920

Trabajar en el Frigorífico Smithfield

Ø  El lugar de las mujeres en el proceso productivo de un frigorífico

Existen trabajos de investigación acerca de la industria frigorífica en el Partido de Zárate, dado que en el mismo se localizaron tres grandes establecimientos de los cuales solo uno de ellos, el Frigorífico Smithfield, en sus diversas gestiones empresariales y finalmente como Cooperativa Martín Fierro llegó a funcionar hasta la segunda mitad del Siglo XX.

En términos generales, el trabajo en estas plantas procesadoras de carnes consistía en la matanza y acondicionamiento de ganado vacuno, ovino y porcino y en la elaboración de conservas, grasas, harinas industriales, embutidos, extracto de carne y otros productos derivados. La matanza se realizaba en las playas correspondientes y desde allí se distribuían los diversos componentes a otros departamentos como menudencias -que era el sector donde se desgrasaban riñones, entrañas, hígados, y se acondicionaban para su envío a las cámaras frías-, tripería -donde se lavaban y desgrasaban las tripas, se las inflaba, secaba y embalaba-, mientras que por medio de zorras se trasladaban los otros materiales a los departamentos de conserva, curtiembre, guano y extracto.

Frigorífico Smithfield. Mujeres trabajando en el Departamento Entarrada

Si bien las investigaciones inicialmente referidas dan cuenta cómo se realizaba el proceso productivo y cuáles eran distintos sectores que conformaban el Frigorífico Smithfield poco informan, en cambio, del lugar que las mujeres ocupaban en ese proceso productivo.

Como referencia general sobre el tema puede tomarse el trabajo “Mujeres en la Fábrica. El caso de las obreras del Frigorífico Armour, 1915 - 1969” que en una de sus partes expresa: “Las mujeres trabajaban en unas pocas secciones: tripería, picada, conserva, tachería, pintura, embalaje, salchichería y bolsas, en tareas de cortado, limpieza y acondicionamiento de carnes y tripas. Las labores estaban relacionadas con actividades que también realizaban en el hogar. Cortar carne en trozos, desgrasar, atar, lavar, no requería de conocimientos adquiridos especialmente sino que eran resultado del tipo de formación que se les daba a las niñas desde edades tempranas. Algunas, muy pocas, trabajaban en sus domicilios cosiendo diversos elementos para el departamento bolsas y, de acuerdo a los pedidos de las propias obreras de ingresar en cualquier departamento del establecimiento, se puede inferir que se trataba de una forma complementaria de trabajo caracterizada por su escasa remuneración.”

Más adelante el informe señala: “…Algunas de las tareas eran poco complejas aunque demandaban un período de práctica para estar en condiciones de cumplirlas. Apilar latas vacías, envolver los productos, colocar etiquetas, alimentar norias, limpiar tarros eran las tareas más comunes en este nivel. En otros casos, el aprendizaje era más prolongado, por ejemplo clasificar tripas o lanas, revisar hígados, implicaban cierta experiencia que se obtenía luego de una explicación respecto a qué? y cómo? hacerlo y de repetir determinados movimientos a lo largo del día. Eran tareas que podían aprenderse en un solo día pero se necesitaban unas pocas semanas para dominarlas. Generalmente tras este período de entrenamiento estaban en condiciones de trabajar de acuerdo con las normas establecidas y rápidamente. Con frecuencia se necesitaba tener buena vista y óptima coordinación motriz. En ningún caso las mujeres alcanzaron las más altas calificaciones que eran exclusivamente masculinas y se relacionaban con la habilidad en el manejo del cuchillo e incluso en los casos en que trabajaban con él, como por ejemplo en el trabajo de la despostada, que es donde se separa la carne del hueso y se troza la carne, los hombres hacían el trabajo de desposte y las mujeres las dividían en trozos. En este sentido, la estructura de la calificación está marcando notorias diferencias entre empleo masculino y femenino...”.

En relación a las características diferenciales de los trabajos entre los sexos y las condiciones salariales el artículo detalla que  “Los puestos femeninos requerían menor esfuerzo físico -en algunos departamentos las tareas realizadas por los hombres eran sumamente penosas como por ejemplo en las cámaras frías, calderas, guano o playa de matanza- y se caracterizaban por la aplicación de una habilidad manual, un tacto delicado que evitara la rotura de los materiales que manipulaban (por ejemplo, las tripas al limpiarlas), y por ser más sedentarias que las de sus compañeros varones. Todas estas cuestiones van configurando una calificación diferencial para hombres y mujeres que constituye la base de las disparidades salariales entre ambos. En este sentido la discriminación de la mujer pasa por la forma en que se clasifican las tareas, lo que implica un salario menor, y no por la percepción de una tarifa diferente por la realización de tareas consideradas similares.”

Se señala, además, “que las obreras eran distribuidas en las secciones mencionadas como mayoritariamente o específicamente femeninas. Concentradas en ciertos departamentos eran trasladadas continuamente a otras secciones de acuerdo a las necesidades de la empresa, al menos hasta la firma de los primeros convenios colectivos de trabajo donde se fija una limitación a esta prerrogativa patronal, y muy pocas veces permanecían en ellas por espacios prolongados de tiempo.

El trabajo en diferentes departamentos se relaciona con condiciones heterogéneas de labor. En las triperías las tareas se realizaban en ambientes húmedos, con pisos cubiertos de agua, en contacto con materias que impregnaban de un fuerte olor ropas, calzados y hasta el cuerpo de las obreras. En la preparación de conserva, donde se trozaba la carne, los cortes en las manos eran corrientes, produciéndose a veces infecciones. Además, las tareas se realizaban en ambientes calurosos. En la curtiembre, quienes clasificaban las lanas sufrían la acción de los ácidos que irritaban la piel. Esta diversidad abarcaba incluso a las remuneraciones, ya que en algunos departamentos predominaban los salarios por producción y en otros una tarifa fija por hora.”

Con respecto a las remuneraciones es ilustrativo el testimonio brindado, en el libro “La Producción. La Industria Frigorífica en Zárate” en enero de 2007, por Carlos Alberto Raviolo, obrero de Smithfield, quien señala: “Cuando yo ingresé a trabajar en el frigorífico en el año 1942, ganaba 35 centavos la hora y trabajaba 6 horas porque era menor de edad, y un oficial ganaba más o menos 70 centavos la hora y las mujeres 45 centavos. No eran sueldos extraordinarios. El primer sueldo grande del frigorífico, que creo que fue en esa época únicamente, que sobresalió sobre todos los sueldos de la industria en Zárate, fue el primer convenio que se hizo con la industria de la carne. Por ese convenio, todo el personal que estaba por hora pasó a ser mensualizado y se establecieron categorías de peón, medio oficial, oficial especializado, cada uno tenía su categoría, apareciendo lógicamente el escalafón…”

 Ø  La situación laboral de la mujer

En la actualidad bajo la denominación de riesgos psicosociales en el trabajo se agrupan a todos aquellos factores capaces de producir sufrimiento psíquico y/o físico en los ámbitos laborales, sobre todo cuando se los percibe como intencionales. Gran parte de los países occidentales han legislado preventivamente en la materia y, de esta manera, hoy son reconocidos el estrés ocupacional, el acoso sexual, los conflictos, el acoso moral, la violencia externa o interna y el malestar en el trabajo como exponente de los mencionados riesgos que , lamentablemente, siguen cobrando víctimas en número creciente. Son las mujeres trabajadoras las más perjudicadas por estas situaciones, en una relación de 70% a 30% respecto de los hombres.

Sin duda alguna las obreras zarateñas de antaño sufrieron con intensidad de todas estas patologías laborales, agravadas por el silencio cómplice o temeroso de quienes las secundaban en sus tareas, aunque debe reconocerse que la ausencia de una legislación específica obraba como potenciadora de dichos abusos.

“El Obrero”, periódico mensual del Sindicato Obrero de Frigoríficos y Anexos como ya se mencionó, fue el medio escrito utilizado para denunciar la situación laboral y los riesgos psicosociales que afectaban a las mujeres que trabajaban en los distintos departamentos del Frigorífico Smithfield.  A título ilustrativo se transcriben aspectos principales de tres artículos.

En el Número 12 - AÑO I, julio de 1935, bajo el título de “¿Por qué temen?” Se lee lo siguiente: “Hay algunos jefes del Frigorífico Smithfield, que cuando obreras de determinado Departamento solicitan una entrevista con la gerencia, sin saber el pedido de que estas compañeras harán, estos jefes se sienten molestos y tratan de valerse de cualquier medio para que estos obreros no lleguen a la gerencia. Y voy a citar un caso reciente: Las obreras del Departamento curtiembre, días atrás después de haber hecho una reunión en el sindicato, debido a ciertos abusos de su señor jefe, resolvieron nombrar dos compañeras para solicitar una entrevista con la gerencia. Dichas obreras como es lógico solicitaron permiso para ir hasta la oficina del jefe de personal para que por su intermedio obtener la entrevista: este jefecito se negó a darles permiso é interrogándolas les amenazó que si iban a hablar con la gerencia él les iba a sacar el trabajo de la “pelada de pavos” y otros trabajos que ejecutan las obreras de la Curtiembre. ¡Qué ingenuo es este jefecito, creer que por una simple amenaza estas obreras no reclamarían lo que les corresponde que están decididas a ir a entrevistarse con el primer gerente!

La actitud de este jefe me dá la confirmación que este señor no sabía cómo debe comportarse un jefe y teme que la gerencia sepa algunas de sus muchas andanzas un tanto deshonestas y de las proposiciones que él les ha hecho a muchas de las obreras.

No tema por ahora; pero más adelante… Concretaremos.

Por hoy basta y le pido que en otra oportunidad no interrumpa ni trate de cohartar la libertad de sus obreras u obreros cuando éstos tengan que llegar por cualquier causa hasta la gerencia. UNA OBRERA”.

En el Número 28 - AÑO II, Noviembre de 1936, en la nota titulada “Esto sucede en el Departamento de Despostada” se informaba que: “…Las compañeras del mencionado Departamento, que no tienen otro delito que el de haber nacido en cuna proletaria y por tal motivo, trabajan y cumplen, y no se les concede el derecho de conversar sobre las injusticias que a diario se cometen con ellas, aún sin abandonar el trabajo y sin descuidarlo….

Pero deben de atender al capataz que con el pretexto de hacerles una observación de su trabajo, viene de conquista pronunciando palabras inmorales, difíciles de describir por su bajeza. Para esto hay libertad, para conversar, pero si conversaran sobre lo brutal que es el trabajo y del ínfimo sueldo que se les paga, o resuelven pedir aumento, se les suspende como ya se hizo primero, con dos compañeras y después con tres.

También es necesario saber que días pasados, pidieron aumento y que les contestaron que si no se empachaban en el trabajo, se lo darían el aumento, por lo cual las compañeras, contestaron que harían lo posible, como así ocurrió, y al volver a reclamar el aumento, se les contestó con ironía y palabras como las que mencionamos más arriba. En otra oportunidad si no se corrigen estos procederes, nos volveremos a ocupar del asunto denunciando también el nombre de dicho capatazuelo.”

Departamento de Curtiembre, aplicación del depilatorio. Diciembre de 1933

El tercero de los artículos seleccionados fue publicado en el Número 100 - AÑO VIII, Noviembre de 1942; con el título “Señor capataz de la salada de tripas” así denunciaba los malos tratos hacia el personal femenino en este sector del Frigorífico: “Continuamente nos llegan quejas de la dependencia a su cargo, del mal trato que Ud. les da a las obreras. Se nos informa que a más del trato en extremo desconsiderado que tiene para con ellas, es tanta la maldad y tanta también la mala educación que Ud. tiene que les propina toda clase de adjetivos, olvidándose que esas compañeras que por obligación de las necesidades de sus hogares, tienen que ir a trabajar, como podría ocurrirle a su esposa o a alguna hija suya.

Seguros estamos que a Ud. no le agradaría en absoluto que su esposa o su hija se vieran en la necesidad de tener que alquilar sus brazos en el trabajo en algún establecimiento, y que tuvieran que estar bajo las órdenes de un capataz que procediera como Ud. lo hace. Hay más, no solo no le agradaría, sino que habría que ver que es lo que pensaría de un “hombre” que utilizara sus procederes de hoy para con nuestras compañeras que, a más de tener que soportar la rudeza del trabajo agobiador, impelidas por la necesidad de sustentar sus hogares, en que en muchos casos, tienen que abandonar a sus pequeños hijitos para ir a trabajar y, que para colmo de los males, tengan que soportar sus injusticias y sus soeces palabras. Sino por Ud. hágalo por respeto a sus familiares; observe más consideración y respeto para con las obreras bajo sus órdenes!”

Tripería. Mesa para clasificación de intestinos ovinos. Diciembre de 1933

Ø  El testimonio de Juana Ester Moix

El 28 de febrero de 2007 la Sra. Juana Ester Moix contó sus recuerdos como trabajadora del Frigorífico Smithfield para ser incluidos en el libro “La Producción. La Industria Frigorífica en Zárate”: “Nací en Rocamora, Provincia de Entre Ríos el 27 de diciembre de 1926, llegando a Zárate con mis padres en 1931. En mayo de 1942, cuando tenía 16 años, comencé a trabajar en el frigorífico. Usaba un guardapolvo gris cuya tela era proporcionada por el establecimiento. Trabajé en la sección conocida por la “Lavada”, el sector donde llegaban los enlatados con el producto envasado, luego de pasar por un horno eléctrico que las mujeres recogíamos de a cuatro. Luego, los trasladábamos en un carrito al sector etiquetado. Trabajábamos seis horas, porque éramos menores de 18 años y teníamos media hora para tomar el café. Trabajé poco tiempo y regresé al mismo sector cuando fui mayor de edad… me desempeñé luego en tripería, donde limpiaba las entrañas, le sacaba la grasa, médula y la piel. Allí trabajábamos hombres y mujeres. Ya terminado su relato por su breve paso por el frigorífico, la señora Juana recuerda que el trato era bueno pero severo. En el baño había una serena que cuando pasaba un tiempo les golpeaba la puerta.”

Esta Mirada hacia el Pasado Zarateño, con las crónicas y testimonios expuestos, constituye solo un acercamiento al tema; quedan aún muchas historias por contar e investigaciones a realizar desde distintas disciplinas (sociología, antropología, economía, entre otras) sobre la posición de las mujeres en la sociedad y los niveles de participación en el proceso generador de bienes relacionados con la industrialización y, en tiempos más recientes, sobre su intervención en las luchas del movimiento obrero organizado.

FUENTES CONSULTADAS

o        Baccino Silvia Irene y Sorolla María Luisa: “Era una vez… Zárate”. Buenos Aires. 1997

o        Botta Vicente Raúl: “Historia de Zárate 1689 - 1909”. La Plata. 1948

o        Baccino, Silvia Irene; Robles, Sergio Daniel; Sorolla, María Luisa: “La Producción. La Industria Frigorífica” -Publicaciones del Museo Histórico Quinta Jovita y el Archivo Histórico de la Municipalidad de Zárate. Editorial de los Cuatro Vientos. Buenos Aires, Julio de 2007

o        Lobato Mirta Zaida: “Mujeres en la Fábrica. El caso de las obreras del Frigorífico Armour, 1915 - 1969. Anuario del IEHS, V, Tandil, 1990

o        “La Voz del Pueblo”. Periódico Socialista. Números citados en el artículo

o        “El Obrero”. Periódico mensual del Sindicato Obrero de Frigoríficos y Anexos (Adherido a la Confederación General del Trabajo). Números citados en el artículo

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