CulturaPino Solanas: arte y militancia

Carlos Riedel8 noviembre, 2020
Dillon

Por Silvina Gianibelli | Ilustración: Silvia Lucero (APU)... El viernes 6 de noviembre falleció Pino Solanas. Se encontraba realizando su labor como embajador ante la Unesco en Francia. Silvina Gianibelli vuelca su pensar y sentir sobre un referente artístico y militante que deja su huella como motor.

Hace dos años Pino Solanas, estrenaba “Viaje a los pueblos fumigados”, había pensado un documental incómodo que reflexiona sobre la acción de los agrotóxicos, advirtiendo sobre el consumo de alimentos. Después de verlo, nadie puede omitir que deberá llevar una práctica responsable en los hábitos cotidianos, quizá su fin didáctico era el cuidado de la vida frente a los grandes negocios corporativos; allí radica la gran cuestión.

Durante el film, el mismo Solanas pone su cuerpo a prueba de los análisis clínicos que dieron como resultado positivo en cierto porcentaje de toxinas que se supone serían por el consumo de alimentos. Siempre en el recorrido del documental se lo puede ver participando y registrando la información (decodificándola y asegurándose de ser bien interpretada), su presencia marcaba una amorosa estética de los años noventa, donde el modo metonímico y errante del videoclip se une a las imágenes más formales que son las que esperamos de su cine.

La complicidad de los entrevistados refleja quién es Pino para los hacedores que han nacido de sus obras y que han buscado entrañablemente sus poéticas. Su particular forma de apropiarse de los imaginarios y abrazar al mundo hacía de su cine un universo reconocible y admirado. Hay un momento muy dramático en el documental donde uno de los entrevistados dice: “Siempre hay alguien pior que uno”. Lo dice en el contexto de una historia desgarradora y Pino siempre estaba dándole un giro para que el espectador lo retenga y lo apropie, ¡cómo olvidar ese momento!

Son estos los logros que solo él podía hacer, llegar a lo más hondo de la vulnerabilidad, tocar el corazón de los personajes y envolverlos con su piedad. Todos le muestran y demuestran su granito de arena como se lo harían a un padre, y quizá, allí estaba sosteniendo el discurso para multiplicarlo.

Nadie nunca podría pensar que Pino no metía de cabeza al espectador en la escena. Había estado bien rodeado para poder hacerlo. Esta generación de maestros sabía que la provocación aseguraba un cambio de paradigma, lo beat siempre involucra la entrega en la creación.

Deberíamos despedirlo con las palabras que él mismo despidió a su amigo Eduardo Pavlovsky: “Se ha ido uno de los más grandes, ha aportado una obra monumental, se ha ido un revolucionario.”

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