Crónicas de Historia RecienteMiremos el riesgo. Compulsión no es placer por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel11 enero, 2021

Sigmund Freud, a partir de 1920, año de publicación del magistral texto "Más allá del principio de placer", distingue claramente el principio del placer del principio de compulsión de repetición, al que relaciona con lo que denomina "pulsiones de muerte".

 

El principio del placer se continúa con el principio de realidad, que le indica a la persona cuál es el camino, cuáles son los rodeos necesarios para poder obtener ese placer, muy probablemente con alguna renuncia y postergación de la urgencia. Para poner un ejemplo extremadamente simple, si estoy en un quinto piso y tengo un fuerte deseo de comer (para lo cual tengo que ir a un bar cercano), si fuera exclusivamente por el principio del placer, tal vez me tiraría por la ventana para llegar más rápido.

Sin duda llegaría más rápido y también sin duda no podría ir al bar. Pero como el principio del placer (reitero, siguiendo a Freud) se continúa con el principio de realidad, entonces este último hace que yo haga un rodeo que implica una postergación: saldré por la puerta, tomaré el ascensor o bajaré por la escalera, caminaré hasta el bar, haré mi pedido, esperaré a que lo preparen y me lo traigan y entonces comeré.

El principio de compulsión de repetición no se continúa con el principio de realidad. Por eso mismo nos pone en serios riesgos. El principio de compulsión de repetición está en la base de las adicciones.

El "consumo" en las adicciones puede estar acompañado de una sensación placentera, pero el móvil no es la búsqueda de placer, sino intentar (vanamente) calmar una angustia, una sensación de vacío, un dolor físico o psíquico.

Los "objetos" de adicción son múltiples: droga, cigarrillo, alcohol, comida, juego (en el sentido de la "ludopatía"), trabajo, dinero, poder, "diversión", entre otros.

Dos importantes cuestiones nos permiten diferenciar cuándo estamos actuando según el principio del placer y cuándo según el de compulsión de repetición: 1) El principio del placer se continúa con el principio de realidad y el principio de compulsión de repetición, no. Entonces si estoy en una sala donde se apuesta dinero por placer (me sobró un dinero mensual y en vez de ir a un restaurante voy a divertirme un rato "jugando"), con toda seguridad me retiraré si perdí, sin jugar el dinero que tengo en el bolsillo y necesito para el día siguiente. En cambio, si estoy en esa sala movido por la compulsión, perderé todo el dinero, aun el que necesito para mañana, porque cuando estoy compulsivo no existe "mañana", o no me importa; sólo existe el "ahora", el "ya".

2) Cuando se consume algo por placer, se logra la calma, la satisfacción. Comí algo rico, bebí un poco, entre otros ejemplos, y estoy satisfecho. Cuando se consume compulsivamente no hay calma. El "objeto" "pide" más "objeto". La comida "pide" más comida, el alcohol "pide" más alcohol. Nunca se logra la satisfacción. La compulsión no nos deja en paz.

Lo dicho en estas dos diferencias no significa que no haya nada que podamos hacer con la compulsión. Claro que hay y es mucho lo que podemos hacer. El gran primer paso es tomar conciencia, entender que se trata de una compulsión.

Observamos en Argentina en los últimos días un alarmante aumento de contagios de Covid-19. Y observamos la conducta en las playas (falta de barbijos y distanciamiento preventivo). Nos enteramos de fiestas clandestinas, de reuniones de muchas personas en espacios cerrados sin guardar protocolo, entre otras cosas. Todo eso parece acompañado de mucha "diversión", de mucho placer, de mucha alegría.

Cuidado. No es "alegría". Es excitación mental. Lo cual entraña riesgos. Las personas cuando están realmente alegres aman la vida. Y, por lo tanto, no ponen en riesgo de manera totalmente descontrolada la propia salud y la del prójimo. Esa conducta que se observa no es ni amorosa ni alegre. Es autoperjudicial y perjudicial para otros. No es placentera. Es compulsiva.

Quiénes participan, por lo tanto, no lograrán satisfacción. Seguirán gritando, bebiendo, comportándose de manera indiscriminada.

Peleándose con otros. Sintiéndose cada vez más frustrados y enojados aunque supongan que se divierten. No deja de ser una conducta melancólica disfrazada de euforia. Melancólica, dado que supone inexorablemente pérdida (y pérdidas).

Se responsabiliza de eso a los "jóvenes". Cierto es que son muchos los jóvenes que participan. Pero no sólo participan jóvenes y suelen no ser tan jóvenes los que propician, organizan y hacen negocios con eso. El hilo se corta por lo más delgado. Y los hoy "jóvenes" no han recibido ni reciben los mejores ejemplos en los últimos tiempos de parte de los "no jóvenes".

La responsabilidad está en manos de cada uno. Tomémosla. Entendamos que no se trata de alegría, placer y diversión, sino de euforia,violencia, compulsión, enfermedad y muerte. Es ahora. Es ya. Por favor, paren.

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