Crónicas de Historia RecienteCarta desde Giarre

Carlos Riedel28 junio, 2020

Por Adriana Musumeci

Mamita, vieja querida… ¡qué lindo es este lugar! Lo pienso a cada rato desde que bajé del avión.

Por momentos no lo puedo creer, no me entra en la cabeza que el abuelo Rosario y otros tanos se hayan tenido que ir… ¿Por qué se vieron obligados a abandonar su patria, este lugar tan lindo?

Me da cierta tristeza. Era un muchacho solo, embarcado en un buque, muerto de hambre, sin saber leer ni escribir, rumbo a una América que desconocía… . Ignorando qué iba a encontrar en “la Argentina”…

Que fuerte debe haber sido “la esperanza de hacer la América”.

Y fueron felices acá los tanos aquellos. Trabajando, formando sus familias, mirando siempre para adelante.

-¿Trabajo?... ¡Sobraba! - decía el abuelo Rosario. ¡Parece increíble!

Ahora que estoy acá, en la patria que ellos dejaron, donde todo es luminoso, donde no hay pobreza… pienso… ¡Vaya uno a saber que pasó en el mundo para que las cosas se dieran así!

Vieja: ahora que estoy en Sicilia, valoro que ustedes nos metieran en la cabeza que teníamos que estudiar, que leer, que estar informados. ¡Dale que dale!

-¡Tenès que leer todo el diario! –me decías… ¡No solo los chistes y la sección deportiva!
Me acuerdo bien.

No olvido cuando Marina me traía libros de la biblioteca. Al Martin Fierro me lo acuerdo casi de memoria. Y a Félix Luna y los libros de historia.

Un día, entre los libros que me trajo Marina, vino uno que me gustó. El beso de la mujer araña, de Puig, de Manuel Puig. Me dio un poco de vergüenza, pero no lo pude dejar hasta terminarlo. Acá en Giarre la prima Milena lo leyó para sus clases de castellano.

Los primos Santino y su mujer son macanudos. Me mostraron la casa que el abuelo Rosario le hizo a su madre mandando la plata desde Argentina. La vendieron y esta remodela. Muy linda. Y… los tanos están bien ahora.

Milena me preguntó qué le estaba pasado a nuestro país. Como pudo ser que los milicos mataran a los muchachos y no le entregaran los cadáveres a sus madres. Hasta sabía que los mataron de la peor manera. Y también que las madres, mujeres valientes, decididas, nobles, los buscaron a pesar que los milicos les decían “están desaparecidos”.

Pero a Milena le dio mala espina que últimamente las madres hubieran recibido a un mandamás de turno… ¡Y menos que hayan aceptado “edificios para la memoria”, o plata o asistiendo a los actos oficiales del Estado!

-Nunca antes esas mujeres se habían metido en actos oficiales, ni aceptado regalos que sus hijos hubieran rechazado. – Eso piensa Milena. A ella no le cae bien que abandonaran las plazas y la protesta en las calles, que son los lugares de la lucha.

Milena me dijo:

-¿Querés que te cuente lo que es el Estado?, ¿Ellas no sabían para que lo usan los milicos y los capitalistas? ¿No saben lo que el Estado les hizo a sus hijos ¿Qué hacen las madres allí, recibiendo favores del Estado que sus hijos no querían?

La verdad, vieja, que escucharla a Milena me asustó un poco.

Me hizo acordar cuando vos me explicaste lo del “sistema educativo”. ¡Me aclaraste los tantos vieja! Pero también quedé preocupado.

-Prefieren poner maestras en las aulas para que todo parezca más puro y maternal. ¡No te lo creas hijo! Después vienen los que tienen la sartén por el mango y deciden que es lo que tenés que saber y en que temas no tenés que meterte… ¡y ni siquiera preguntar!
Me acuerdo como si fuera hoy cuando te dijeron que los docentes tenían “que contenernos”.
¡Como puteabas viejita con la orden “que pasen todos”!

-No quieren que les enseñemos, no quieren que ustedes sepan por qué carajo hay cada vez más pobres, ni por qué hay piquetes en las rutas ni por qué la escuela se usa para comer y no para educarlos…

Eso nos decías. Me acuerdo de todo. Y cuando yo estaba bajoneado porque Marcos y sus viejos se fueron a Europa –al revés del abuelo Rosario-, vos me cantaste la justa:

-¡Fueron a buscar esperanza! –me dijiste.

Milena es muy inteligente. Me dijo que no me hiciera problemas.

-Esto, no va a pasar mucho tiempo… ¡la propia gente lo va a arreglar!

Vieja querida: mañana voy a sacar los pasajes para Nápoles. Quiero ver donde jugó el Diego.

Marina se acuerda cuando el abuelo Rosario nos contaba que en su pueblo crecían calabazas tan grandes que las gentes hacían sus casas dentro de ellas. Ella cree que es verdad. Y me encargó que las busque por las afueras de Giarre.
Ya lo decidí.

Le voy a decir que las encontré, que es cierto, que el abuelo tenía razón.

Total ella no va a poder venir nunca a Giarre. Trabaja (y mucho) pero con su marido desocupado…No sé… ¿Cómo va a juntar la plata para el pasaje?
Mejor que siga soñando con las calabazas del abuelo.

Querida viejita, te voy a mandar postales de Giarre.

¡Te lo prometo!

¡Besos para la familia!

Néstor
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