Columnistas¿Quién fue Clara Beter?

Luis Sellán5 mayo, 2019

Por: Luis Sellán... El enigma de la poeta judía y esclava sexual, que generó un escándalo en la literatura porteña...

En estos tiempos que corren, de necesaria revolución libertaria femenina y, además dónde una serie televisiva pone todas las noches en escena, la historia de la Zwi Migdal-la terrorífica organización judía- que traficaba con jóvenes polacas, ucranianas, rusas, etc., para venderlas al submundo de la prostitución: se hace interesante quizás volver sobre la muy poco recordada historia de “Clara Beter”, la judía ucraniana-poeta y prostituta-, que revolucionó los ambientes literarios porteños.

Sabemos que la literatura es un arte que juega con el engaño, un engaño consensuado. Dónde autor y lector se ponen de acuerdo para creer en esa mentira. Ésta, la historia de Clara Beter, fue tan real, cómo también la historia de un gran engaño, que terminó en escándalo.

A mediados de los años 20, Clara Beter se las ingenió-por medio de un amigo-hacer llegar sus poemas a la Editorial y revista Claridad-dirigida por Elías Castelnuovo-.; difusora de las ideas y creaciones del grupo de Boedo.

Éste grupo literario, pretendía difundir una literatura más vinculada con los aspectos sociales y políticos. Además de Castelnuovo, eran miembros del grupo: González Tuñón, Leónidas Barletta, Álvaro Yunque e Israel Zeitlin (César Tiempo), entre otros.

De este modo, fue muy tentador para los miembros del grupo de Boedo, publicar los poemas de una joven esclavizada en las mazmorras de la explotación sexual. Aunque estaban sorprendidos de la calidad literaria de los mismos; teniendo en cuenta el origen de la enigmática poeta. En el año 1926 publican la primera edición del libro, llamado: “Poemas de una joven prostituta”. Con prólogo del mismo Elías Castelnuovo, quien dice; “Esta mujer se distingue completamente de las otras mujeres que hacen versos, por su espantosa sinceridad”; señalaba, además -y en esto hacía un tiro por elevación al grupo de Florida- que sus poemas eran “un paradigma digno de oponerse a los nuevos poetas fanáticos de la imagen por la imagen”.

Evidentemente lo que causó mayor interés y sorpresa, que la autora de estos poemas fuera una joven ucraniana, traída a ejercer la prostitución a la fuerza. Lo que originó una pesquisa de carne y hueso de los propios miembros del grupo literario. Pesquisa que generó algunas ideas desopilantes, como-fiel a su estilo- de Roberto Arlt que propuso ponerle un prostíbulo y que las ganancias del mismo fueran utilizadas para fomentar sus publicaciones. O el caso de algunos de los miembros del grupo literario, que paraban prostitutas en la calle, las zamarreaban y les decían: ¿Vos sos, Clara Better! En algún caso, alguno de ellos terminó en la comisaria.

La popularidad de Clara Better iba en ascenso, pero también la intriga sobre esta poetisa que era un verdadero fantasma. Los poemas llegaban por medio de su albacea: César Tiempo, a una pensión de la calle Ceballos de Rosario; propiedad de un amigo del escritor rosarino: Manuel Kirchbaum.

En 1926, se publica en la Revista Claridad el poema: Filosofía y en agosto de 1927, el poema dedicado a Tatiana Pavlova, supuesta compañera de desgracia de la propia Clara. La historia de la poeta ucraniana cruzó el charco. El diario El Día publica un artículo dónde elogia, las calidades literarias de Clara Beter, dónde dice:” Por estos versos sea acaso redimida de su infamia que es la infamia de la sociedad entera, cuyo monstruoso egoísmo la ha condenado a remar en las galeras trágicas del vicio en el viraje largo a través de los ríos negros de la noche, fosforescentes de luces eléctricas. Desgarradora tragedia la de esa alma de mujer, hondamente sensible y fuertemente intelectiva, presa de la infamia del comercio sexual”.(*)

La angustia e incertidumbre sobre el paradero de la poetisa, hizo dudar cada vez más sobre la veracidad de la misma. Estas dudas recayeron fundamentalmente sobre César Tiempo. Un hecho que hizo dudar a Castelnuovo-quien decidió dejar de firmar con su nombre los prólogos de los nuevos textos de la poetisa-, fue que algunos textos llegaban escritos a máquinas- era dudoso que una prostituta esclavizada, pudiera hacerlo en el lupanar- . Fue el propio director de Claridad, que sometió a una “prueba caligráfica” a los demás miembros del grupo de Boedo.

Finalmente, en el número 134 de la revista Claridad se anuncia: que un nuevo libro de Clara Better se editará en breve por la editorial. Poco después, el libro aparece publicado en la colección: Los nuevos, donde Castelnuovo firma con el seudónimo de Ronald Chaves, el prólogo.

Pero un compañero de Tiempo; Carlos Sefaty, inscribe este mismo libro en un concurso municipal. En el Diario la Prensa, se publica la nómina de los concursantes, dónde entre paréntesis al lado del nombre de Clara Beter, aparece el de César Tiempo, el auténtico autor de los poemas de una joven prostituta.

Elías Castelnuovo, cuando se entera del engaño, publica un artículo donde señala que todos habían sido defraudados. Tiempo es expulsado del Grupo Boedo y el escándalo conmocionó a todos los circuitos literarios de Buenos Aires y de Argentina.

Castelnuovo, ensayó una disculpa pública en la revista, no exenta de originalidad: “Pensábamos dedicarle un capítulo especial a este libro de versos que firma una prostituta. Pero, circunstancialmente, nos hemos enterado que Clara Better no es una mujer, sino un varón. La presunta autora que según nos informan mantuvo magistralmente el anónimo hasta la fecha, burlando la buena fe de todas las personas que intervinieron en que su libro se publicara, en cuanto se abrió el concurso municipal rompió la línea de conducta y se presentó al certamen con el nombre de un varón, que, probablemente, tampoco ese es el suyo. De cualquier manera, lamentamos que la prostituta haya resultado, al fin, un prostituto” (*)

(*) Estudio preliminar. Solana Schvartzman

Versos de una… Ediciones Biblioteca Nacional, 2015.

VERSOS A TATIANA PAVLOVA

César Tiempo o Clara Beter: Versos a Tatiana Pavlova

¿Te acordarás de Katiuchka, tu amiga de la infancia,
esa rubia pecosa, nieta del molinero,
la del número 8 de Poltávaia Úlitcha
con quien ibas al Dnieper a correr sobre el hielo?

¿Te acordarás de aquellas temerarias huidas
para oír la charanga de la Plaza Voiena;
de los kopeks gastados en la Dom Bogdanovsky
en verano en sorbetes y en invierno en almendras?

¿Te acordarás de Pétinka, tu novio del Gimnasio,
de quien yo te traía las cartas y los versos;
de las fiestas aquellas cuando vino el Zarevitch
y sus fieros cosacos a visitar el pueblo?

¡Oh, los días felices de la infancia lejana
en el rincón humilde de la Ucrania natal:
la vida era un alegre sonajero de plata
y toda nuestra ciencia: cantar, reír y amar!

Mas, pasaron los años y nos llevó la vida
por distintos senderos: tú eres grande ¿y feliz?
y yo... Tatiana, buena Tatiana, si te digo
que soy una cualquiera, ¿no te reirás de mí?

¿Comprenderás el torpe fracaso de mis sueños,
verás el patio oscuro donde mi juventud
busca en vano la estrella que solícita enjugue
mi angustia con su claro pañuelito de luz?

¡Mas no quiero amargarte con mi vaso de acíbar,
tú también tus dolores y tus penas tendrás;
cerremos un instante los ojos y evoquemos
los días venturosos de la aldea natal!

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