ColumnistasA 75 años del 17 de octubre. ¡¡Una jornada inmanente!!

Carlos Riedel16 octubre, 2020
Dillon

Por Jorge Collado... Ansiosos iban llegando de a miles los postergados, no mendigaban nada solo querían mejorar sus la vidas marcadas por la pobreza. Algunos en Buenos Aires los comprendieron y se unieron a ellos, eran los gremios. Solidarizaron los carpinteros, los de maestranza, los carreteros, los pintores y sastres, los jornaleros, lancheros y albañiles, los panaderos, cerveceros y ferroviarios, los del transporte, los del abasto, los cargadores, los gremios de apoyo justo, de gente pobre. La avenidas en el barrio de Avellaneda, se encontraba repleta de manifestantes. Elevaban carteles improvisados y se daban fuerza con sus gritos y con sus cantos. Los trabajadores, imparables, como sea cruzaban el Riachuelo para llegar a la plaza y reclamar lo justo. Esperaban lo peor como tantas veces, represión policial, garrote y muerte.

Los señores de Buenos Aires tenían miedo era mucho ver tanto negro, el cabecita no era hombre cabal, podía ser ladrón o asesinar, mientras tanto las casas eran cerradas, miraban solamente tras las ventanas, el comercio también cerró sus puertas, había que cuidarse de tanta bestia, mejor que los juntaran en algún sitio si andaban por las calles era un peligro, el gobierno seguro hará algo lo murmuraban, reprimirá con fuerza, tendrán castigo.

En cambio el pueblo quería justicia y pedían la libertad de Perón, que estaba preso según decían.

Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los Talleres de Chacarita, de Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín, de Vicente López, de las fundiciones de la Boca y del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas, de las curtiembres. Eran muchos brotaban de todos lados. Hermanados en el mismo grito, de Cañuelas el peón de tambo, codo a codo con el tornero, con el fundidor, el mecánico y el tejedor, con el peón de estancia, con la hilandera y el matarife. Era el subsuelo de la patria, era el profundo hondo bajo fondo que emergía y se sublevaba.

Hay una mujer entre todos ellos, es muy fuerte y da pelea por su amor a la multitud y al Coronel. Ella es la luz de todos, es la que guía, es Eva Duarte, del pueblo nacida, es el estandarte, que dará la vida sin mediar duda en defensa de los pobres, de los que sufren, de los necesitados, de los marginados, de los que como ella nacieron a un costado. Al costado del poder de la oligarquía, de los terratenientes, de los industriales serviles al poder de siempre.

Se han unido al reclamo otros compañeros y los ricos de la ciudad les tienen miedo y los rechazan. Han venido hasta aquí uno por uno, y están dispuestos a todo. Se han unido en un grito los compañeros Perón, Perón, Perón…. Solo se escucha.

Hay clima de confusión los ricos están nerviosos, los obreros alegres y temerosos. No se sabe si Perón fue destituido, si está en libertad o detenido.

Mientras tanto, por la presión popular, el gobierno decide hablar con el hombre por quien el pueblo clama. El Coronel es trasladado y lo tienen como un rehén, para aplacar a la bestia del pueblo o llevarla al infierno.

El pueblo pide a gritos, para que lo muestren, si no habrá revolución y muchas muertes. El gobierno lo sabe ya lo estudió, habrá un río de sangre o la elección.

En la calle, la multitud que se aglutina, y en la plaza el pueblo se va reuniendo. Van llegando por cualquier medio, como es posible, lo hacen a pie, o en camiones cargados, son los grasitas, en colectivos o tranvías los cabecitas, en bicicletas, corriendo los más cercanos, los del campo, los de las fábricas, los marginados. Cualquier medio es posible para pedir que pongan al líder a dirigir.

Los negocios cierran ya sus persianas por temor y desconfianza por las bandadas, son esos negros que se aproximan, los porteños no entienden y discriminan.
Son muchos, son todos, son hombres y son mujeres, niños y viejos; son el saber que no se enjuicia, es toda la verdad y ya no hay otra. Los más jóvenes son siempre los más valientes piden que el patrón entienda al obrero y que el trabajo sea alegría y no esa maquinaria que a golpes genera tanta sangría.

Los ricos, sin comprender, contemplan atónitos desde balcones, en las terrazas, desde los altos, tras las ventanas. El porteño no sabe de la pobreza y el pueblo avanza con la esperanza como bandera. Por las calles van rumbo a la plaza y se van reuniendo, son miles de miles, son un millón.

Es el grasita, el obrero, el marginado, es el pobre, el empleado, el negro a quien no le alcanza el salario, es el descamisado que avanza con sus certezas. Son hombres humildes, son sus mujeres, de los barrios llegan, de los talleres, vestidos con overoles, sucios de grasa, en sus trabajos se han reunido, el pueblo avanza, dispuesto a dar la vida por el Coronel que les dio dignidad con su proceder. Perón, Perón, Perón, solo se escucha.

En el Gobierno reciben ya los informes, que son muchos, que son miles, que llegarán más, que vienen llegando, que es imposibles pararlos, que si reprimen habrá muertos por cientos, que será un infierno. Hay generales que quieren salir con el ejército, quieren sacar los tanques, planean la gran matanza para escarmiento. Pero algunos saben que es imposible reprimir a tanta gente, será una guerra. Traigan a Perón dijo el presidente y Perón se entrevista con el poder y apoyado en el pueblo es el que exige elecciones libres en pocos meses.

La multitud que espera ya por el Líder, se va cansando y reclama por su presencia, el milico que es presidente ya sabe que el pueblo pide Perón o muerte.

La noche ya se viene están en la plaza y la respuesta que no aparece. Improvisan antorchas y redoblan el grito con sus proclamas, es el pueblo reunido que ya sabe muy bien de que se trata. Perón, Perón o muerte ya están gritando y la noche se viene y no habrá tregua. O le devuelven al Líder, o ya verán, son miles de miles, son un millón, Perón, Perón o muerte están gritando y están dispuestos a todo a quedarse a vivir en la plaza, si es necesario hasta que su líder le hable desde el balcón, y les diga claramente cuál es la solución.

Entonces el poder cede y el Coronel le va a hablar. Son más de las 11 de la noche y Perón se asoma, no sabe muy bien que les dirá. Pero su voz lo inmanece, y ya no es él, es el pueblo quien habla desde su boca, ya lo han logrado, Perón y el pueblo son la misma cosa.

El grito de Perón, Perón se escucha y el coronel les asegura que habrá elecciones libres y solo les pide, que recuerden bien de donde vienen, que no renuncien a su esencia, que sean obreros, que crezcan juntos, que ese es el secreto, y que es la historia que los atraviesa, que la justicia de clase ya se aproxima, que habrá educación y salud pública, trabajo digno y un buen patrón y un estado protector que recupere la alegría para la gente, porque la felicidad del pueblo es su estandarte. Dice que él interpreta a ese movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria. Y pide un pueblo en marcha que les exija a los funcionarios de turno por sus derechos. Dice que sepan hoy los indignos farsantes que a este pueblo no se lo engaña, y el hombre se mezcla con la sudorosa masa, se confunde con su gente, con sus descamisados y el los estrecha en su corazón.

Y el pueblo lo siente como uno propio, uno como todos, él es el líder.

Esta es la historia de un pueblo unido, de un 17, de un mes de octubre acá en el sur.

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