Caminos CercanosMachirulos - Historias Breves IV

Carlos Riedel8 octubre, 2019

Por Sonita...

Ely, la menor de la familia, llegó después de los dos varones, y fue la consentida de papá.

Cómo en toda familia del medio pelo argentino, “nada le faltó”, colegio privado, ropa, salidas, regalos y mascotas, muchas mascotas…..  Que llenaran de ternura los largos días, y algunas noches sin papá y mamá. Ese círculo vicioso que nos empuja a lo infinitamente aspiracional, ¡pertenecer!, cambiando abrazos por mascotas, regalos por ausencias….

Pero con papá, siempre hubo conexión.  Así que él y las mascotas, ¡fueron lo importante!

Los años pasaron, Ely era ahora una hermosa y seductora mujer. Elegante, simpática, inteligente y confidente con su padre.

Cuando conoció a Julián, el polista, hijo de polista y nieto de polista, todos en la familia coincidieron que era la pareja ideal,  lindos, seductores y sin riesgo de caerse de la pirámide social.  No fue poca la presión familiar para que consolide el noviazgo.

Pero Ely comenzó a sentirse incómoda en la relación, ella no era la chica obediente que esperaban. Así que después de unos meses de sentir que en realidad, más allá del gusto por los caballos, poco tenían que compartir, decidió dejar a Julián.

¡Sonsa ella, pensó que le estaba permitido plantar al señorito de apellido inglés!

Julián la buscó, conocía muy bien los lugares donde podía encontrarla. La presionó para que hablaran, como muchas otras veces, él lograba siempre lo que quería con ella. Pero, en otro lugar, -vamos al auto!.

En contra de sí misma, desobediente como era,  no hizo caso a  su pensamiento, su mal presentimiento, su desconfianza.

Cinco varones, amigos del polista, la esperaban en el auto, ansiosos, alterados, “extasiados”!!!

No necesitó mucho para comprender que sería el juguete de la fiesta, cruzaron por su mente tantas otras jóvenes y bonitas; abusadas, ultrajadas, asesinadas….   Todas sus fuerzas, para zafarse de esas manos, todo su aliento para gritar, toda su fe pidiendo auxilio.

- Con esta mina no se puede!  ¡¡¡Está loca!!! dijo alguno de los seis.

- ¡Largala!

El auto había marchado durante unos cuantos minutos, ya fuera de la ciudad la ruta de salida a la autopista, desolada a las tres de la madrugada, era un buen lugar para tirar a esa loca que había osado despecharlo. Frenó el auto, le quitó el teléfono, y la eyectó.

Fueron eternos,  los minutos, quizás horas…  La oscuridad, y el frío de la noche, eran condimentos que sumaban al miedo y la angustia. Sentir que estás sola en medio de la nada, para siempre, que sos la presa, que las garras del león te rasguñaron,  pero todavía está ahí, no sabes donde, pero te acecha, te está observando.

Un micro, el primero del recorrido de la mañana pasó, y el conductor, paró a esa chica desabrigada y despeinada que le hacía señas desesperadamente.

- Me lleva por favor?!!!!!!

En la entrada de la ciudad un operativo de control la impulsó a bajarse. Se dirigió al primer gendarme que cruzó, con sus dos manos lo tomó del chaleco, y le rogó:

- ¡¡¡¡¡¡Llamen a mi PAPÁ!!!!!

x